Hoy es claro que después de estos meses estoy en tranquilidad con muchos de mis temores y aprensiones. Hoy sentir que me conozco lo suficiente como para influir positivamente en los otros es uno de los procesos fundamentales que me hacen escribirlo con más seguridadad de lo que fue antiguamente.
Hoy pienso en mi propósito y en mi trabajo en conjunto con los demás, en el día a día que enfrento con más fuerza. Agradeciendo cada jornada el hecho de vivir más pleno y entregado. Que en este par de horas tengo una oportunidad de superarme, de tomar el desafío, que puedo cumplir las metas, y si no es así me levanto y vuelvo a intentar. Tengo una oprtunidad de superarme, buscando mi bienestar en general, junto con el que tengo al ado, y en que pueda descubrir con cuidado, sin presión la felicidad que se esconde en el diario vivir por el dolor y los males del mundo. Este mundo aunque muchas veces no lo quiera es mio, mi mundo interno y el de afuera son a la vez uno, y todo aquello que haga por mejorar a una parte de él se verá reflejada en la otra cara de esta misma.
La visionaria forma de ver a Cristo en los otros (que muchas veces es incompresible y otras veces mal interpretada) se debe a que muchos deseamos ver o escuchar las mismas cosas que deseamos que él y los demás nos digan, o las acciones que esperamos que realicen por nosotros. En mi meditación me di cuenta que primeramente no lo encuentro por la falta de oportunidades que me doy a mi mismo. Es tanto lo que desearía sentir de Cristo en mi, que soy un tanto exigente y poco concreto. Lo he visto de una manera tan única en los demás que busco un canon de búsqueda similar. Pero ey! ¡no es posible que sea de la misma manera! Y es por eso que en vez de intentar buscar con una regla antigua crearé una a mi propia medida. Seré innovador en mi vida, si he de buscarlo a el en mi propia búsqueda necesito desentrañar más de mi. Develar un poco mis secretos y mis temores, y sólo así mi fe en mi y en él se verán recompensadas.
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